Ensayo
Todos, en alguna o varias ocasiones, nos hemos y hemos hecho la pregunta ¿qué es al Arte?. Tras esta pregunta normal y bienintencionada, subyacen diversos supuestos que, de una manera importante, condicionan su repuesta; veamos. De entrada, dicha pregunta da por supuesto que existe algo que es “Arte”, solo “Arte” y nada más que “Arte”; es decir, algo que, más allá de su representación efectiva y formal, es igual a sí mismo, identitariamente perfecto y puro, completo e íntegro y que, además, subsume en su predicado a cual-quier objeto que, según la historiografía al uso, sea merecedor de tal cali ca- tivo, es decir, como “objeto artístico”.
Ello es así por varias razones. La primera y de entrada, es por un factor pura- mente lingüístico, a saber, el uso existencial del verbo “ser” ( = es). Este uso existencial (frente a su otra acepción, la meramente predicativa), implica la creencia en aquella acepción ontológica, cuando no metafísica, del término “Arte”; es decir, que el “Arte” es algo realmente existente, al margen (y por encima....) de, tanto cualquier objeto artístico como y sobre todo, del tiempo y del espacio concretos, es decir, históricos. Además y a ello, contribuye y refuerza ese sentido trascendente, el hecho de su grafía con mayúscula y en singular ( = “Arte”). Finalmente y en el mismo contexto lingüístico, el artículo “el” que precede a nuestro término, le otorga así mismo un carácter substan- cial a éste .
En segundo lugar e íntimamente relacionado con lo anterior, es la casi univer- sal creencia en una (supuesta) “Historia del Arte” que abarcaría a todas las culturas y épocas, independientemente de su(s) propia(s) historia(s). Es decir que, el “Arte” atraviesa y es consustancial a cualquier cultura humana, tanto y sobre todo diacrónicamente como sincrónicamente, más allá de las propiasespeci cidades de aquéllas o éstas. Es decir y desde –como nos tienen acos- tumbrados esas “Historias y/o Enciclopedias del Arte” (en varios volúmenes ya todo color)– los bisontes representados en las cuevas de Altamira (España)o Lascaux (Francia), hasta la más contemporánea instalación o performancepresentadas en la última bienal de turno, hay y existe un hilo conductor común que es el “Arte”. O, dicho de otra manera, la larguísima historiografía artística que abarca desde esa primera forma de expresión (bisontes u otros anima- les, manos, etc.) hasta la última propuesta en cualquier exposición, galería y/o muestra artística, son distintas formas expresivas de una misma, única y (muy) particular acepción, el “Arte”. Por ello, la diacronía del “Arte”, es la His- toria (con mayúscula) de sus diversas formas de manifestaciones artísticas, ligadas éstas últimas a los distintos momentos y/o períodos históricos (y sus correspondientes culturas), según lo que aquéllas valoren como “artístico” al respecto. Es decir, las diversas concepciones y, por tanto, lenguajes o cam- bios estilísticos en la creación de las obras (artísticas), suponen variaciones históricas de un ente común, único e igual a sí mismo, el “Arte” (el llamadoEspíritu por Hegel).
Finalmente y en tercer lugar (lo hemos apuntado anteriormente), esta “Histo- ria” es común a toda la Humanidad, incluso para aquellas culturas sin Historia (la mayoría de tradición exclusivamente oral y, por tanto, fuertemente simbó- licas) y, aunque éstas no sean conscientes de este “hecho artístico” en su propia producción cultural. Y esto último se aplica así mismo, tanto diacrónica como sincrónicamente por igual. (...)
Fuente: SOBRE EL ARTE Y SU(S) HISTORIA(S): UN ENSAYO, Xavier Puig Peñalosa
Fuente: SOBRE EL ARTE Y SU(S) HISTORIA(S): UN ENSAYO, Xavier Puig Peñalosa

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